Anna Ramon – Annamorah – Sa Het Ra
Desde muy joven, me hacía constantemente las mismas preguntas: ¿quién soy y qué hago aquí? Aunque buscaba respuestas, parecía que el silencio era mi única compañía. Sin embargo, a los 17 años, escribí un cuento en el que, sin saberlo, plasmé mi propia misión, como si mi alma estuviera susurrándome verdades que aún no era capaz de comprender.
Fue a los 34 años cuando mi vida dio un giro inesperado y maravilloso. Experimenté una profunda apertura espiritual a través de la presencia del Arcángel Miguel y el amado Jeshua. Ambos se presentaron como guías amorosos, iniciando conmigo un camino de instrucción que continúa hasta hoy. Ellos me han ayudado a Recordar: quién soy realmente, de dónde provengo y cuál es mi propósito aquí en la Tierra.
SOY UN PORTAL ESTELAR DEL GRAN SOL CENTRAL DEL UNIVERSO. SOY HIJA DEL SOL.
Mi Hogar
Cuando nací como espíritu (chispa divina), Dios me asignó a la familia del Arcángel Miguel, mi amada familia del rayo Azul. Pertenecer a la familia arcangélica de Miguel conlleva una profunda conexión con la justicia, la protección y la luz divina. Significa llevar una llama interna que ilumina incluso en las tinieblas más profundas, guiada por la espada de la verdad y la fuerza del amor incondicional.
Como parte de esta familia, soy guardiana del equilibrio, enfrentando con valentía los desafíos espirituales y terrenales, defendiendo lo que es justo y guiando a los demás hacia el camino de la luz. La energía del arcángel Miguel no solo protege, sino que inspira coraje y propósito. Ser parte de su familia me recuerda constantemente que nunca estoy sola; la presencia divina siempre está cerca de mi, otorgándome fortaleza en momentos de debilidad. También implica una sensibilidad especial para percibir las batallas espirituales de los demás, actuando como un canal de sanación, orientación y protección divina. Además, tengo un compromiso total con el crecimiento espiritual. Los de la familia de Miguel estamos llamados a enfrentarnos a nuestros propios temores y sombras para poder emerger más fuertes, listos para guiar a otros con el ejemplo.
Este linaje lleva la responsabilidad de ayudar a construir puentes entre el cielo y la tierra, recordando que el amor y la luz prevalecen sobre cualquier oscuridad. Esto me llevó a Anubis (del antiguo Egipto), guardián y señor de las necrópolis, quién me enseñó el arte de guiar a las almas a través de los ríos del inframundo, ayudándolas a cruzar hacia la luz, enfrentándose a sus juicios con la verdad y la pureza de su corazón. Ser su barquera me enseñó a abrazar la transformación, a no temer las sombras, sino a comprenderlas como una parte esencial del equilibrio divino.
Toda esta instrucción me ha llevado a ser una «conectora de mundos» para traer al ahora la luz y la información necesaria para evolucionar de forma consciente.
La Llama del Descubrimiento
Encarné por primera vez en la Tierra en la época de Lemuria, como guardiana de las aguas cristalinas y del corazón planetario. Sostenía la vibración suave, telepática y femenina que caracterizaba a esa civilización. Formaba parte de los círculos de mujeres que custodiaban la Matriz Estelar del Útero, una geometría sagrada que permitía anclar la energía de las estrellas en la Tierra. Conservaba la memoria de las tres llamas del útero —la dorada solar, la plateada ancestral y la azul zafiro estelar— y mi misión era preservar esa sabiduría para que, en otras eras, pudiera despertar nuevamente en las hijas del Sol.
Luego encarné en la Atlántida, como Sacerdotisa Solar en los templos de cristal y fuego, donde fui instruida en geometría sagrada y en el uso de la energía estelar y solar para sanar y expandir la conciencia. Servía como puente entre los rayos solares y sirianos, custodiando portales de conocimiento que se abrían a través del verbo y la vibración. Recuerdo perfectamente la caída, al percibir cómo la pureza de los cristales era desviada hacia el poder, y juré guardar en mi alma la memoria intacta de esa sabiduría para restaurarla en tiempos futuros, cuando la humanidad volviera a estar preparada para recordar.
Guiada por Thoth el Atlante, Maestro de los Misterios, Guardián de los Registros Akashicos, Rey poderoso y Mago, aprendí a descifrar los secretos del Tiempo y el Espacio, trabajando el conocimiento que une todas las dimensiones de la existencia. Cuando llegó el momento,de la caída fue Él quien me reveló que mi siguiente misión estaría ligada al resurgir de un nuevo lugar de conocimiento de sabiduría: Khem, el nombre antiguo de Egipto, donde los ecos de la Atlántida encontrarían su nuevo hogar.
Y así fue como encarné en Egipto, guiada por la luz de Thoth, quien había tomado la forma de Djehuty, el dios ibis, guardián de los Registros Akáshicos y maestro de las palabras sagradas. A través de él, comencé a recordar los antiguos conocimientos que llevábamos desde nuestra civilización perdida y a depositarlos en templos para las generaciones futuras.
Como Sacerdotisa de Isis, he sido instruida en el arte de la sanación, la magia y las iniciaciones sagradas, así como en el arte de la vida y la muerte, y el arte de la maternidad y fertilidad.
Allí, las almas sabias y los guardianes de los misterios custodian el conocimiento eterno del universo. En los Salones, experimenté la grandiosidad de la existencia y entendí los ciclos de vida y muerte como puertas hacia dimensiones superiores. Una vez más, aprendiendo a ser esa barquera…
Fui testigo de cómo el flujo eterno del alma estaba registrado en las tablas cristalinas que resonaban con la luz primordial. Allí recibí la misión de proteger estos secretos y ayudar a anclarlos en la Tierra, para que la humanidad pudiera acceder a ellos en su evolución espiritual cuando fuera el momento siendo un puente entre los planos superiores y la humanidad. Sabía que, aunque las eras cambiaran, la verdad que emanaba de los Salones permanecería, esperando el momento en que la humanidad estuviéramos listos para recordar nuestra esencia divina. Conmigo se quedó este cometido hasta el día de hoy.
De todas las ciudades de Egipto, mi alma siempre encontró un hogar especial en Tebas, conocida como «Ciudad de Amón», que actualmente es la ciudad llamada Luxor. Este lugar irradia una energía única, una mezcla de fuerza divina y sabiduría ancestral. Allí, entre los grandes templos de Karnak y Luxor, he recordado que en vidas pasadas fui sacerdote de Amón Ra. Su energía solar, poderosa y trascendental, resuena con mi ser de una forma que no puedo ignorar siendo como soy, una Hija del Sol. Ha sido entonces cuando he comprendido una verdad más profunda: mi conexión con Amón-Ra no es casual. Mi apellido, Ramon, parece llevar inscrita en su esencia una vibración que recuerda a este dios, como si su nombre estuviera oculto entre las letras (o no tan oculto), esperando ser despertado. He sentido que esta conexión me recuerda constantemente mi propósito: ser un puente entre la luz divina del Gran Sol Central, Amón-Ra y las almas que buscan el despertar espiritual para Sanar y Amar.
En los templos dedicados a Amón-Ra (Luxor y Karnak), siento cómo su energía fluye a través de mí, reforzando mi misión de anclar la sabiduría de los Salones de Amentí en este plano. Cada inscripción, cada símbolo y cada rayo de luz que cae sobre las piedras antiguas parecen susurrarme un mensaje: que el poder del Sol, como fuente de vida y transformación, siempre ha estado presente en mi esencia y en mi camino, honrando mi apellido Ra-Amon
Después de mi aprendizaje por tierras faraónicas hace 3000 años y siguiendo el Gran Plan, caminé junto a mi amado Maestro Jeshua durante 3 años cuando habitó en la Tierra. Fui tocada por su Amor, su Paz y su Luz. Aprendí de cada enseñanza para, más adelante cuando fuera el momento, expandirla a todo aquel que esté abierto a recibirla. Me convertí en «pescadora de hombres» (como Él nos llama).
Él ya había depositado la Energía Crística en mi ADN cósmico mucho tiempo atrás, como seres solares, dejando en mí una Luz imborrable que resurgiría en el lugar y momento adecuado, tocando el corazón de cada ser humano que encontraría en mi camino en la Tierra. Comprendí que este Amor, esta Luz y esta Paz no eran solo un regalo, sino de nuevo, también una responsabilidad, una misión y un propósito.
Me mostró que portar este legado significaría caminar entre sombras, llevando consuelo, esperanza y sanación, y que cada encuentro sería una oportunidad sagrada para sembrar semillas de despertar en cada corazón.
EL LUGAR Y EL MOMENTO HA LLEGADO. ES AQUÍ Y AHORA.
Él me ha llevado a re-conectar con la energía crística dorada, de la mano de la Femenina Sagrada: Madre María, Isis y Kwan Yin. La trinidad femenina que rige nuestro universo.
Así, mi viaje de vida no es solo uno de descubrimiento, sino de preparación para un propósito mayor desde tiempos de la Lemuria: bajar el cielo a la tierra, expandir el amor, la luz y la paz, y que cada uno se proclame Maestro de su Ser con todo su Poder.
Este es el Propósito y la Verdad que los Maestros conocen y sirven para restablecer el Plan Divino en la Tierra.
Descodificando Quién Soy
Mi servicio es con la evolución y la elevación de la conciencia planetaria, así como dar asistencia al prójimo, expandiendo el Amor en todas partes y hacia todas partes.
Es en Luxor donde he aprendido a sintonizar mi alma con el Nilo, el río de la vida, ese río eterno que fluye como un espejo de la Vía Láctea, enseñándome que el cielo y la Tierra son reflejos inseparables, que me enseña a rendirme ante la vida, a aceptar sus cambios y ciclos con serenidad. Su corriente me guía a liberar lo que ya no sirve, a sanar las heridas del alma y a abrir mi corazón al amor incondicional. En sus aguas veo reflejada la esencia de la creación misma: un flujo infinito que nutre, transforma y une. A través del Nilo, he aprendido que el verdadero poder está en la capacidad de fluir y confiar en el propósito divino, el cual me lleva a acompañar en mis viajes sagrados a todos aquellos que desean subir a un nivel superior de conciencia.
El Sistema Annamorah SARAH
SARAH son las siglas de Sistema Annamorah Registros Akashicos a través del aliento divino AH.
Encarné ahora, con el propósito de expandir el amor en la Tierra y con la bella misión de transmitir el conocimiento adquirido en la Atlántida y Egipto tiempo atrás, y con todos los Maestros de las esferas superiores de luz, a través del Sistema Annamorah SARAH, creado para que la humanidad recuerde su divinidad y se proclame Maestra de su Ser. Al integrar SARAH en nosotros, nos anclamos al momento presente ayudándonos a controlar el ruido mental para centrarnos en el corazón, y nos recuerda cómo ordenar nuestros sistemas internos, nos ayuda a equilibrarnos, facilita nuestra apertura espiritual y regenera la conexión con nosotros mismos (nuestro YO SOY) y con la fuente de vida Dios/Diosa Todo lo que Es.
Amorah: Significa amado por amor divino del sagrado Padre y sagrada Madre.
Si sientes el llamado a profundizar en tu camino espiritual, te invito a explorar mis formaciones y sesiones personalizadas: